No soy perfecta


Por Lucía

No, no lo soy. No sé si existe la perfección pero sí sé que yo soy perfectamente imperfecta. Sin embargo, jamás encuentras un DIY fallido en Pinterest o en cualquiera de los blogs de DIY que inundan la red. Pero el error existe. Y no sólo eso, sino que es necesario meter la pata varias veces para que termine saliendo algo decente de nuestras manos. Tres mal, una mejor. Es así, aunque el mundo entero se afane en ocultarlo. ¿Qué hay de malo? Si queremos dignificar nuestras creaciones, si defendemos el trabajo que hacemos, debemos enseñarle al mundo que hacerlo bien tiene mucho mérito. Las cosas hechas a mano tienen mucho más valor que las fabricadas en serie porque las imperfecciones las hacen únicas, porque contienen muchas horas de esfuerzo y más aun de perfeccionamiento. Hay que tomárselo con filosofía, entenderlo como un proceso de aprendizaje en el que equivocarse es condición indispensable. ¡Y disfrutar de ello! ¿Por qué maldecir si podemos reírnos del churro que nos ha salido? ¿Por qué considerarlo horas perdidas si sabemos que para la próxima no nos volverá a pasar? Aprendamos de nuestros errores.

He aquí una muestra de lo que no hay que hacer: aventurarse a probar cosas nuevas sin antes buscar algo de información. Primer error. Se han puesto de moda las láminas y cuadros con mensaje y yo, haciendo gala de ese vicio que tenemos las crafters de decir: “eso lo hago yo en un momento”, me puse manos al lío. Compré pinceles, pintura y tres o cuatro canvas, uno de dimensiones considerables. Lavé bien un bote de mermelada y lo llené de agua, para los pinceles,  y me puse al lío.

nosoyperfecta

Primera cuestión: ¿cómo distribuyo las palabras? ¿Y si utilizo dos tipos de letra distintos? Cogí un lápiz y probé sobre el canvas. Error: la goma, en vez de borrar, emborrona sobre el canvas. Pero seguí, quería ver mi cuadro handmade colgado de la pared. Probé de nuevo, con el lápiz, y ya quedó mejor. Así que humedecí el pincel, abrí el tubo de pintura y eché el tamaño de una nuez sobre la bandeja de plástico que encontré por casa. Impregné el pincel y comencé a escribir.

Desde el minuto uno supe que algo no iba bien: el trazo del pincel se expandía, conquistando la tinta espacios que no debería conquistar. No desistí, continué pintando, tratando de ajustar la cantidad de pintura que tenía que cargar en el pincel para que el trazo fuera constante. No lo conseguí. Y, aún así, continué hasta que estuvo terminado. El desastre era evidente, pero yo quería ver mi primer cuadro sobre la pared. Así que pensé: “¿cómo disimulo yo esto?”. Lo mío son las telas, por lo que la solución pasaba por aprovechar un retalín que tenía perdido y marcar las esquinas del canvas, generando un punto de distracción nuevo para el ojo que lo observase. Las corté (con tijeras en zigzag, así no deshilacha) y las pegué con pegamento especial. No quedaron del todo mal, pero sí algo chapuceras: el tejido tiene poca consistencia y es demasiado poroso, por lo que el pegamento no se distribuye adecuadamente. Y así quedó: un cuadro handmade, con mi frase pero sin técnica alguna.

nosoyperfectaUna vez estuvo terminado, indagué para saber qué había hecho mal. El resultado habría sido digno si no me hubiera saltado el primer paso. Siempre, antes de empezar a pintar sobre un lienzo, hay que aplicar una o varias capas de color blanco, para dar uniformidad a la superficie. De haberlo hecho, ni manchas de lápiz ni tinta esparciéndose alrededor de donde pasa el pincel. El trazo habría quedado limpio y definido y mi cuadro, en vez de estar tirado por algún armario, luciría perfecto en la pared. Ahí siguen los pinceles, las pinturas y los canvas que sobraron, a la espera de turno. Porque otra de las perfectas imperfecciones de una crafter es el síndrome del “porsiacasoalgundía”, o la acumulación por todos lados de futuros proyectos, sin fecha ni límite en número. Imperfecciones, esas cosas que hacen que tu vida sea diferente, que tu vida sea perfecta. ¡Benditas imperfecciones!

 

 

Dejar un Comentario