Reflexiones postvacacionales


luz japonPor Rebeca

Hoy no voy a hablar de craft sino de algo que me ha llamado poderosamente la atención: el gran choque entre la tradición y la modernidad que existe en Japón, y el cómo, en mi opinión, la influencia occidental está arruinando costumbres que otrora me parecían atrayentes. Me voy a centrar en dos cosas principalmente: vestimenta y comportamiento.

Hace poco que regresé de mi segundo viaje al País del Sol Naciente, lugar de paz y calma, donde puedes llevar el bolso abierto, dejar el móvil encima de la mesa y marcharte a pedir a la barra sin miedo a que te lo roben. Eso aquí desde luego no pasa, aunque nuestro carácter español nos llevaba a dejar un paraguas cochambroso y aún así vigilarlo “por si acaso”.

Ese tipo de comportamiento no es lo que más me ha llamado la atención, simplemente es respeto por la propiedad ajena, algo que aquí, lamentablemente, no tenemos. Soy la primera en decir: “Si encuentro una cartera, el dinero no tiene nombre”. Lo que me ha llamado la atención, en un lapso de 4 años que pasó entre mi primer viaje y este segundo, es tan simple como el CONTACTO FÍSICO. Sí, tan simple como eso. CONTACTO FÍSICO. Nadie se sorprende de que aquí en una tienda te cojan el dinero de la mano y te den la vuelta de la misma manera. Eso allí era raro, muy raro. Igual de raro me resultó el hecho de que me miraran a la cara y no por debajo de barbilla. Aquí nadie se sorprende al ver parejitas cogidas de la mano, y mucho menos se sorprende cuando se van palmeando el trasero por la calle, pues allí todo eso era RARO (a no ser que fueran occidentales o los dos o al menos uno de ellos) hasta ahora. Y, la verdad, no sé si me gusta ver ese cambio. Yo siempre he sido de la vieja escuela, de mantener la distancia y evitar las públicas demostraciones de afecto. Llamadme fría si queréis, pero hay cosas que no me gusta ver, ni ver ni hacer en público y según que cosas que he visto me han hecho sentir “monjil”.

japonesasEn torno a la vestimenta, la influencia occidental ya es demencial. Antes ibas por la calle y te encontrabas un crisol de estilos y atuendos que enriquecen el paisaje. ¿Ahora qué hay? un montón de zombies de H&M. Y cuando piensas: “Seguro que en Harajuku queda alguna de mis “espantajas” adoradas”, llegas y no hay nadie. Sí, las Harajuku Girls a las que cantaba Gwen Stefani parece que se han desvanecido de la faz de la tierra. No es que necesite caminar entre Lolitas, Decoras o Visuals para sentirme en Japón, pero este tipo de cosas hacen que pierda mucho del encanto que siempre me atrajo. Siempre quedan bastiones resistentes al cambio, aunque tuve que llegar al norte para comprobar que en Sapporo aún queda ese encanto del viejo Japón, aunque sea en forma de bares de conejitas. Espero que en mi próximo viaje no me quiten también eso.

Tengo la suerte de que por una razón u otra siempre acabo apareciendo en una boda tradicional en un templo. Y cuando una de esas novias, parapetadas con media docena de kimonos, pasa delante de ti y se te saltan las lágrimas y piensas que las occidentales no te emocionan así ni aunque las conozcas, ese sentimiento es el que te hace pensar que aún queda algo salvable y que no se están occidentalizando tanto, aunque haya alguna que se casa en una capilla de Hello Kitty disfrazada con un traje de PRONOVIAS.

IMGP2224Aún así con todo lo raro y su (en mi opinión) mala evolución, cuento los días para volver de nuevo.  ¡Ah! Si alguien se anima, ya tengo master a la hora de organizar viajes allí. Sí, también es paraíso craft, pero eso ya es otra historia aparte…

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