Otro cole es posible


crayonsPor Sandra

Acaba de empezar, otra vez, como cada Septiembre desde el albor de los tiempos, el cole. Vuelven las rutinas, las prisas, los lloros de los más pequeños el primer día, los abrazos de los más grandes al verse de nuevo por primera vez, las extraescolares, el comedor, los libros nuevos… Septiembre es un mes de cambios desde siempre, será por eso que se habla ahora tanto de cambiar la educación.

Está claro que la educación ha de ser la primera en adaptarse a los nuevos tiempos  y costumbres de una sociedad que poco o nada tiene que ver con la de hace 30 años, pero ese amoldarse a lo novedoso cuesta y vamos con retraso, la verdad. Hay muchos colegios que lo hacen muy bien, desde mi punto de vista docente, y hace tiempo ya. Trabajan sin libros y por proyectos que crean y adaptan los propios maestros. Respetan los tiempos de aprendizaje de cada niño sin atosigarles o querer que haya uniformidad en el grupo. Dan a los niños herramientas para la toma de decisiones y la resolución de problemas sin que tenga que intervenir un adulto… Sólo hay que indagar un poco en la red y encontramos muchos ejemplos.

Hay mil maneras de hacer las cosas de forma diferente, de cambiar esas clases magistrales que todos recordamos, por aulas dinámicas y llenas de vida. Yo soy docente. Ni mejor ni peor que los demás. Formada en la misma facultad, con los mismos profesores, mismas asignaturas. Mi vocación siempre ha sido la docencia y los niños. Soy feliz hasta la médula siendo maestra. Me gustan todos los grupos de edad. Adoro a los enanos de 3 años y su caos y me llenan de ternura los de 5º con sus pasiones adolescentes. También he trabajado con adultos y tiene su punto, no lo puedo negar.

He trabajado dando clases particulares, formando adultos, en la escuela pública, en la privada, en la concertada y en empresas de extraescolares. En todas he sido feliz independientemente de las condiciones laborales o de si perdía dinero desplazándome para dar las clases…

Allí donde he ido, he obrado mi magia, como me decía un encargado de la última empresa de extraescolares, porque mis clases no tienen nada que ver con nada que podáis imaginar. Pero es que ese es mi método para enseñar: hacer magia.

La magia en la educación es fundamental.

A mí no me ha enseñado nadie un método, me lo he inventado yo y me funciona. Hay que ir cada día, no sólo con la sonrisa y el buenos días por delante, sino con los ojos húmedos por la emoción de ver sus caras ante eso nuevo que les muestras cada día -no que les enseñas, ojo- siendo cada clase tuya una sorpresa diferente en cada sesión y haciéndoles partícipes de su propio aprendizaje. Los niños saben cómo aprender, cada uno a su manera y a su ritmo, con más o menos ayuda, según el humor que tengan ese día.

¿Deberes? Depende

Si hablamos de una escuela tradicional, entonces sí. Los temarios son muy amplios y las horas lectivas pocas. Se hace necesario el repaso en casa de los conceptos que se quedan prendidos con alfileres en clase.

Si la fórmula del colegio es otra, las clases se organizan de forma colaborativa, se trabaja sin libros encorsetados o no haciendo que las notas sean el fin último y dando prioridad a los niños, entonces puede que no haga falta poner deberes como tal, porque aprenden en todo momento, dentro y fuera de la escuela y eso se nota. La vida, en realidad, es nuestra mejor escuela.

El colegio no puede ser un sitio aislado donde vayas a que te llenen la cabeza de datos. Se aprende mejor experimentando, escuchando, observando, viviendo… La vida de los niños no está compartimentada. Es un todo y siempre están aprendiendo aunque no se den cuenta. Muchas veces aprenden mejor fuera que dentro del colegio porque lo hacen sin presiones y de forma natural y eso es lo que debemos conseguir en las escuelas, que aprendan de la manera más natural posible.

La magia consiste en que su maestro les guíe, les ayude, les de las herramientas, les apoye y les diga cada día que ellos pueden, que todos tenemos un don y debemos encontrarlo. Los maestros vemos ese don enseguida y procuramos potenciarlo. No todos los niños tienen que ser buenos en matemáticas o en lengua o en idiomas… Cada cual en lo suyo. Hay que pensar que debemos alegrarnos cuando un niño saca un 5 en matemáticas y un 10 en inglés porque ya sabemos qué debemos reforzar. ¿Los números? ¡No! ¡El idioma! Ese inglés y todos los idiomas que al niño le apetezca aprender.

¿No lo véis? Las notas no son el resultado. ¡Son la pista para hacerles crecer en su don! Las notas no deberían ser para meter a los niños en un rasero, para atosigarles o hacerles ver que ese es su valor. Las notas son necesarias para el sistema burocrático, sí, y no podemos quitarlas, pero podemos darles utilidad, sacar de ellas lecciones, ayudar a los niños a ver que no hay buenas o malas notas sino habilidades y capacidades, que todos son diferentes y cada uno especial en algo.

Los niños no son un número. Son mucho más. Hay que jugar con las bazas que nos da el sistema. ¿Nos obliga a poner notas y a seguir normas burocráticas? Saquémosle rendimiento haciendo ver a nuestros alumnos que nosotros vemos más allá de un notable o un insuficiente, que ellos son mucho más que un número o un test bien completado.

Ahí está la magia, en la emoción de encontrar a un maestro que se presta a ser guía y no enemigo, en la educación como una vivencia agradable, en ver la escuela como parte importante de  la vida y no como un trámite que deseamos zanjar cada día.

libroeneljardin

¿Se puede ser innovador en un sistema clásico como el nuestro? Sí, definitivamente. A mí nadie nunca me ha llamado la atención por hacer ruido, cantar o rodar por el suelo, decorar la entrada del cole, celebrar el Otoño con guirnaldas, contar cuentos debajo de una mesa que era una cueva o sacar a los niños al patio a aprender vocabulario en lugar de hacerles memorizar un listado de palabras. Algunos me miran raro o vienen a ver mis clases e incluso grabarlas…Mi puerta nunca está cerrada, ya lo digo por adelantado. Tampoco hacen falta muchos recursos si usas la imaginación, eres creativo, reciclas y pones a funcionar lo que hay a tu alcance. Muchos maestros son así. Esto no es nuevo.

Sé que habría que hablar también del papel de los padres en la educación y de muchos flecos que se me quedan pendientes, pero en éste speech de hoy sólo quería explicar que no sólo otra educación es posible, sino que ya está en marcha y que debemos apoyar y ayudar a todos los maestros con ganas que hacen posible que nuestros hijos quieran volver cada mañana al cole con ilusión porque ¿sabéis? Hay maestros que hacemos magia.

 

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