La fiebre de Instagram


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Por Cecilia

Sí, señores y señoras, todos (sin excepción), somos unos posturitas. Y el que diga que no, miente cual Pinocho, y cuidado no sea que le saquéis un ojo a alguien, por ir de dignos.

Como término es relativamente nuevo, pero existir, lleva toda la vida existiendo. ¿De qué se trata? Dícese de posturear “expresar formas de comportamiento y de pose, más por imagen o por las apariencias que por una verdadera motivación”… lo que viene siendo el aparentar de toda la vida de Dios, vamos. Lo que pasa que ahora, con esto de las redes sociales, blogs, etc, sale más a la luz. Por ejemplo, ¿qué necesidad tiene la gente de ver que te estás comiendo un pincho de tortilla? Ninguna. Pero, ¡ay, lo que nos gusta el cotilleo! Y ahí está esa persona, en esa cafetería, haciendo una foto a aquello que está tomando. Y ojo, no una foto cualquiera, no; una foto con buen encuadre, que tenga buena luz, que se vea algo de fondo, pero también el nombre del sitio (todos nos creemos fotógrafos con un móvil en la mano, y eso es así), para luego colgarla en la red social que toca, que se vea que está comiendo un pincho de tortilla. Quien dice pincho de tortilla, dice poner pose de Elsa Pataki y dislocación de cadera y hombro para salir bien en las fotos, si sale mal “no se sube”. Sí. Todos lo hacemos.

Antes de nada, he de decir, que a mí me encanta Instagram, ¿vale?

¿Por qué me gusta tanto esta red social? Pues porque al ser una aplicación para el móvil, es cómoda y rápida, y la puedes usar allá donde estés. Sacas una foto y la subes; escribes cuatro palabras y ya está. Además la propia aplicación te trae unos filtros para que la puedas tunear un poco. Pero ¿es realmente rápido usar Instagram? Depende. Puedes sacar la foto, ponerle el filtro Valencia, subirla y ya está, o puedes preparar bien el escenario, enfocar la luz, que tenga un buen fondo, luego hacerle mil retoques, y finalmente subirla, y a eso os digo que rápido, lo que es rápido, no es. Por existir, existen hasta cursos y tutoriales de cómo hacer buenas fotos para subir a la aplicación. ¿Es realmente necesaria tanta parafernalia? Pues depende de la finalidad de la cuenta de Instagram, que hay que reconocer que hasta eso es un negocio, como todo, y que en los tiempos que corren hay que promocionarse como sea, y hasta “Lacasitos” tiene una cuenta en esta red social.

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¿Quién no ha hecho esto alguna vez? Yo confieso que lo he hecho. Ya sea desayuno, ya sea comida, cafetillo o batido en algún sitio de moda. Dios mío, si es que me lo ponen a huevo, me sirven los zumos en tarros de cristal (que hablando de lo cual ¿quién ha sacado esa moda? ¿acaso no tenemos vasos? Sea lo que sea, me gusta la bebida en tarros) y es todo taaaaan fotografiable que claro, ¡click! A Instagram. No sé de dónde nace esa pequeña necesidad que tenemos todos últimamente de colgar todo lo que hacemos y/o vemos. Pero lo hacemos, y no sólo eso, sino que estamos al otro lado del teléfono esperando a ver lo que cuelgan otras personas para dar (o no) al “like”. Confieso también que dada a la cantidad gente que sigo, sé que si cada cuatro horas no miro la aplicación, me pierdo actualizaciones. ¿Y qué importancia tiene perderse una tarta de tres pisos, algun washitape bonito o frases inspiradoras de moda? Ninguna, pero quiero verlo to. Y ahora es cuando ya me metéis en el loquero, ¿no?

Si es que, ya lo dice Milowcost: para “molar” en Instagram necesitas fotos de bebidas en tarros, alguna flor amarilla, platos y tazas bonitas y gatos, que de toda la vida se ha dicho que Instagram es la red social de los gatos. Lo que os decía, postureo del bueno.

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Seamos sinceros. Ya empezamos a posturear por encima de las posibilidades. Y ya con el palo-selfie ¡ni os cuento! Que en ocasiones puede resultar útil, no digo yo que no, pero el 80% de los casos es ridículo. Se nos va de las manos. Pues no sería la primera vez que veo una foto en mitad del mar, o de la piscina, una foto genial y súper bonita, y tengo siempre dos opiniones: Primero pienso que hay que estar loco de la cabeza para meter el móvil allá para lo hondo en el mar, ¡¡que se puede caer!! Pero claro, también pienso: “qué foto más chula, debería intentar hacer una parecida”. ¿Pa qué? Pues no sé, postureo. Loca de la cabeza yo también. Pero mucho. I know.

Hay que reconocer que hay tropecientos instagrams y que no todos son postureo, unos son más del día a día, otros comerciales y otros… mezcla de los dos. Y yo tengo los dos, y reconozco que no sigo el mismo criterio en ambas, por eso decía antes que dependía de la finalidad de tu cuenta. Eso sí: Los retoques, no faltan en ninguna de las dos cuentas, y si me apuráis, las fotos de bebidas en tarros, o piestureo playero, tampoco faltan 😉

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Así que, si alguna vez me veis en alguna cafetería colocando las tazas como si no hubiese mañana, no me miréis raro: es que soy una posturitas del Instagram.

Y vosotros, ¿Qué opináis de esta red social?

 

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